Ámbito científico

La crisis económica que sufre con particular virulencia la sociedad europea ha puesto de manifiesto las debilidades de algunos logros en la triple base sobre la que se levantaba el Estado constitucional como Estado Social y Democrático de Derecho, al tiempo que surgen fuertes tensiones en la distribución territorial del poder y, en particular, movimientos independentistas y fuerzas supranacionales que cuestionan la integridad del Estado-nación.

Por su parte, la Unión Europea ha acelerado el proceso de constitucionalización material sin que cuente con un único texto constitucional después del fracaso de la non nata Constitución europea. Desde entonces, también desde la perspectiva europea, son notables los cambios estructurales vividos: aprobación del Tratado de Reforma de Lisboa y de toda una serie de tratados satélites en materia económica que afectan al corazón de la gobernanza económica de los Estados y de su propio sistema democrático; reconocimiento de la Carta Europea de Derechos Fundamentales que plantea notables cuestiones tanto en su relación con el Derecho constitucional interno de los distintos Estados miembros como con el Convenio Europeo de Derechos Humanos; o, incluso, desde un punto de vista socio-político, el crecimiento de movimientos extremistas en Europa alimentados por las medidas de austeridad y la crisis en los países especialmente meridionales o conflictos como el ucraniano que muestran la debilidad de la política exterior de la UE.

Así las cosas, parece oportuno proponer un debate que afronte los retos, las tensiones y también las posibilidades que se abren al constitucionalismo en Europa, focalizando la atención en la Unión Europea, que cada vez más adquiere una forma federalizante, la cual compromete también los modelos y usos constitucionales de los Estados miembros, a cuyo respecto se propone también un particular estudio de España e Italia.

EL PODER: la forma político-constitucional de Europa, gobierno de la economía y sostenibilidad en la “sociedad del bienestar”

         Se propone una aproximación desde el constitucionalismo a la construcción institucional europea, con el propósito de definir una forma de Estado y de gobierno para la Europa integrada, analizando las tensiones en la organización política que ello comporta, el déficit democrático que se imputa a las instituciones europeas, la vertebración de las relaciones entre las instituciones nacionales y europeas, o la revisión del concepto de soberanía a nivel nacional. En tal sentido, se hace necesaria también una visión comparada entre Estados miembros y la perspectiva relativa a otros modelos federales o confederales.

         Por otro lado, la crisis económica ha cuestionado la sostenibilidad del Estado del Bienestar, debilitando buena parte de los derechos sociales que se creían consolidados, y ha planteado nuevas formas de gobernanza que han dado lugar a una fuerte integración en materia del gobierno de la economía en Europa. Asimismo, puede ponerse en duda la idoneidad de la constitucionalización del principio de equilibrio financiero y, desde una perspectiva constitucional, puede resultar interesante abordar las implicaciones de la referida integración en materia de gobernanza económica para la soberanía estatal y el peso que han asumido organismos sin legitimación democrática, o incluso de entes privados, a la hora de condicionar importantes decisiones políticas que debieran ser democráticas.

EL TERRITORIO: los dilemas de la ampliación a nuevos Estados y de la regionalización

          El proceso de integración europeo reclama afrontar los dilemas de la ampliación hacia nuevos Estados pero también son notables las reivindicaciones que surgen desde entes infraestatales, así como la necesidad de dar cabida a las regiones en la construcción europea. Así las cosas, en primer lugar cabría preguntarse si la definición del marco territorial debe realizarse sobre la base geográfica o sobre aquellos valores democráticos que son comunes. Asimismo, puede ser cuestionable el Estado-Nación como base del proyecto europeo y resulta conveniente preguntarse acerca de la viabilidad de la Europa de las regiones. También es necesario afrontar las particulares problemáticas de los Estados compuestos ante la federalización europea (como ocurre en España o en Italia), o cuestiones relativas a la segregación, disolución y unión en Estados miembros, así como a las relaciones competenciales entre la Unión Europea y los Estados (y sus entes territoriales).

 LA CIUDADANÍA: la persona y el reconocimiento y tutela de sus derechos

         En Europa, más aún que en ningún otro sitio, cualquier proceso de integración política debe poner al ciudadano en su centro. Es por ello que proponemos reflexionar acerca del concepto de ciudadanía europea, su contenido y significado para la construcción europea. Además, la Unión Europea cuenta ya con su propia Carta de Derechos Fundamentales, los cuales, como ya se ha podido demostrar, sirven como parámetro de constitucionalidad frente al Derecho derivado europeo. Pero también plantean cuestiones en relación a los distintos estándares de tutela en la protección de los derechos fundamentales que concurren en Europa, sea a nivel nacional como con el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Al tiempo, observamos el diálogo jurisdiccional que se está produciendo entre los Tribunales.

            Del mismo modo, y como ha sido introducido en el apartado relativo a “el poder” preocupan cuestiones relativas al reconocimiento y eficacia de los derechos sociales en un momento de crisis económica y las posibilidades de tutela de éstos, que abre al mismo tiempo las puertas a un notable activismo judicial.

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